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Salido a principios de 2006, Basado en una historia real (K-Industria) fue la vuelta de Habeas Corpus al mercado después de su último larga duración, Armamente (2004, Propaganda pel fet). Subversiones (2005, Zero Records), un EP que revisaba temas de Barricada, La Polla o Zicatriz había saciado la sed de Habeas el año pasado; así, el que edita K-Industria es el sexto doce pistas de los madrileños desde que, allá por el 94 asomaran la cabeza por las tiendas de discos; tras la espantada de Zero Records, en estos más de diez años, Habeas Corpus ha probado con cuatro sellos diferentes. Es una buena marca. El nuevo de M.A.R.S. y compañía es una vuelta de tuerca al sonido Habeas Corpus. La banda madrileña ha cerrado el círculo que comenzara a dibujar con Armamente; lo cierto es que a uno le es difícil concebir un paso que vaya aún más lejos. De hecho, el anterior disco, aquél tan difícil de digerir en su momento después del armonioso y exageradamente perfecto Otra vuelta de tuerca (2001, Desobediencia), parece ahora tan suave como lavado con Perlán. Producido por Haritz Harreguy y masterizado por el bajista de Def Con Dos (Jesús Arispont) la nueva entrega de Habeas Corpus recuerda mucho a Hamlet y certifica que queda muy poco de los inicios de aquel rock-fusión protesta en los que iban de la mano de Milagritos. Pero aún queda algo. Las letras y la voz de M.A.R.S.; tan agudas e incisivas como siempre. Las dos. Por si fuera poco, también se podría decir que ambas han dado el mismo paso hacia delante, a escala menor, junto a la contundencia sonora. Pero decir que Habeas Corpus se muestra, en este Basado en una historia real, más contundente que nunca es casi tan estúpido como decir que Michael Jackson está más blanco que nunca. Las guitarras han cogido peso, corpulencia, y envuelven a cada canción de forma que las hacen impenetrables, invencibles. Cada corte es como un cañonazo directo al sistema nervioso. El disco está hecho para hacer vibrar ventanas y conciencias. Aunque mucho más duro, difícil y escurridizo, uno acaba viendo vestigios de aquellos maravillosos años en algunos de los mejores momentos del disco. Sea como sea, Iconoclasta o Ni dentro ni fuera son claros vástagos del momento más lúcido del grupo: 2001, Otra vuelta de tuerca. Entre tanto tímpano de mal asiento, los más acérrimos a Habeas Corpus descubren ápices que les trasladan a botes mejores. Aún así, hay dos canciones que flotan por encima del resto. Dos temas que apagan las luces y hacen de la oscuridad su territorio. Empezando por la última. Fascismo nunca más, el corte que cierra el disco, es auténtica medicina Habeas Corpus; pura lírica militante recubierta de potencia y estribillos pegadizos. Un verdadero himno a los caídos ("por los que fueron vencidos, pero nunca convencidos"), un canto al odio ("por habernos empujado a odiarles como les odiamos"), una trova libertaria ("por nuestra libertad, por pura dignidad: fascismo nunca más"). Por una vez es la otra. Es la segunda "canción de amor" que se conoce en toda la historia de Habeas Corpus. Muy por encima del resto, esta canción se te mete dentro y te aprieta el corazón con todas sus fuerzas; más allá de que, estilísticamente, la canción ostente unos riffs demenciales, es M.A.R.S. el que la valida. La rabia que le imprime a cada palabra estremece por lo crudo, y la melódica tesitura de Gorka Urbizu (Berri Txarrak) hacen de esta supuesta canción de sentimientos un doble filo de desesperación y deseos. En fin, un disco de Habeas Corpus, ¿qué más se puede pedir? por Jorge Salas |