METROROCK 2006 - PARQUE JUAN CARLOS I, MADRID
Resulta maravilloso ir a un festival de dos días de duración y encontrarte césped cubriendo todo el recinto, árboles y hasta un bonito lago al lado, tan habituados como estamos a yermos parajes desérticos donde el pañuelo palestino para cubrir boca y nariz es un elemento indispensable en la vestimenta. Las paradisíacas condiciones ambientales del parque Juan Carlos I de Madrid fueron el marco para la segunda edición de pago de Metrorock, festival de la Comunidad de Madrid que este año parece haber encontrado la identidad que el año anterior no acabó de definirse del todo: la decidida apuesta por sonidos Indy “modernitos” de ascendencia inglesa, sobre todo el segundo día, era la baza del evento, que sin embargo también prestó atención al rock nacional, el mestizaje, el flamenquillo y hasta el hip hop, configurando un interesante cartel “para todos los públicos”, aunque la afluencia de público pareció así a ojo algo menor respecto a 2005.

El peliagudo asunto del transporte ha mejorado ligeramente (sobre todo para la vuelta), pero la asignatura pendiente de Metrorock sigue siendo lograr que un festival que lleva en su nombre la palabra Metro y que organiza también la EMT (servicio de autobuses urbanos de Madrid) tenga un acceso verdaderamente cómodo y sencillo en transporte público desde el centro. El cierre por obras de la estación de Mar de Cristal de la línea 8 de metro, el impresionante pateo hasta el recinto que nos tuvimos que dar los que fuimos al festival usando esta línea, la falta de señalización desde la estación de Campo de las Naciones y sobre todo la confusión a la vuelta en la exasperante tarea de encontrar la lejana y abarrotada parada de los autobuses nocturnos, hacen que el objetivo de promocionar el transporte público que se supone tiene este festival, como se encargaron de destacar Esperanza Aguirre y Alberto Ruíz Gallardón en su presentación, suenen poco menos que a cachondeo. El coche privado sigue siendo, con mucha diferencia, el único medio que asegura no sufrir más de un quebradero de cabeza para volver a casa cuando termina el festival.
Por lo demás, destacar el buen sonido de todos los conciertos y la puntualidad en los dos escenarios, así como el acierto de instalar una zona VIP con acceso para los medios en la que se celebraron varias ruedas de prensa de los artistas durante el festival. Por poner alguna pega, quizás flojeara un poco la organización al configurar unos horarios en ocasiones un tanto absurdos para los aficionados a un tipo de música concreto, obligando por ejemplo a los fans del flamenco el primer día a tener que elegir entre los dos únicos conciertos de este estilo musical, los de El Bicho y Chambao, que se programaron al mismo tiempo. Nada más que reprochar (exceptuando unos confusos problemas burocráticos en la recogida de los pases para el foso de los fotógrafos) a un festival que parece tener bastante futuro en la capital. (Daniel Cabrera)
VIERNES 23 DE JUNIO
No Reply (Escenario Parque, 18:30 horas)
Con la solana madrileña haciendo estragos comenzaron a tocar los jovencísimos No Reply en el escenario Parque, en el que el público aún escaseaba. Encorbatados y con traje negro y blanco este grupo “revelación”, como los definía la promo del festival, tuvo 45 minutos para ofrecer su fantástica mezcla de swing clásico y ská, una combinación realmente efectiva que llevan un tiempo mostrando en sus directos por la Comunidad madrileña. Tras el exitoso festival Ska Madrid que una semana antes se había celebrado en la sala Heineken, y que puso de relieve la existencia de una auténtica escena de este tipo de música en la capital, su concierto en Metrorock no logró convocar a demasiados adeptos a la causa, y los pocos espectadores que acudieron se quedaron a una “distancia prudencial” del escenario. Los No Reply no parecieron desanimarse demasiado y cumplieron con su divertido repertorio trompetero y movido. Charles entrecortado y ritmos “aéreos” en la batería, el sonido apabullante de trompetas, saxo y trombón, escalas pentatónicas de bajo, guitarra con reverb jazzero y la excelente voz de su cantante y trompetista son las señas de identidad de un grupo que invita al chasqueo de dedos y al pogo. El concierto fue poco a poco logrando que el público se animara tímidamente y hubiera algo de movimiento, pero pese a los esfuerzos del grupo y con el hándicap del tremendo calor, el poco tiempo de que dispusieron no fue suficiente para lograr una respuesta popular acorde a su entrega. Una lástima que los descubriera tan poca gente en este festival. (Daniel Cabrera)
Spunkfool (Escenario Parque, 19:30 horas)
Desde Barcelona llegaron estos bizarros Spunkfool, militantes de un controvertido palo musical: el electro-punk, en este caso con ecos de rock garajero de los ochenta, a medias entre chupas vaqueras con una A de anarquía pintada en la espalda y glamourosas lámparas de espejos discotequeras. Este punto horterilla de un ácido eclecticismo futurista es quizás la característica más original del cuarteto de Granollers. En lo musical, Spunkfool ofrecen una combinación de guitarras distorsionadas, melodías fáciles de cuatro quintas, actitud agresiva punky mezclada con amaneramiento de “locas” y sintetizadores y programaciones machaconas en la base rítmica. Aunque visualmente no tienen desperdicio y tienen un punto de humor bastante divertido en lo extraño de su propuesta, forzada y excesiva de manera premeditada, personalmente la combinación de guitarras punkarras y ritmos enlatados no me resultó demasiado estimulante. Spunkfool presentaban en Metrorock “So high”, su de momento único trabajo en el que se inspiran en el sonido punk-rock de los ochenta con los citados aderezos electrónicos. Su concierto fue seguido por un puñado de fieles y por gente con cara de “yo pasaba por aquí” que siguió con una mezcla de simpatía y extrañeza la actuación de este curioso grupo. (Daniel Cabrera)
Macaco (Escenario Metrorock, 19:50 horas)
Macaco continúa con el rodaje de “Ingravitto”, la última vuelta de tuerca en LP a su música mestiza y comprometida. Con la gorra azul con la media luna pintada que Dani “Monoloco” luce en las fotos de promoción del disco y mostrando su fibrosas cachitas, como gusta de hacer en directo para deleite de, entre muchas otras, la autora de las fotos que ilustran este reportaje (aunque se decante en estas cuestiones por el cantante de El Bicho), el líder del combo barcelonés estuvo una vez más acompañado en las voces de Paul de Swardt. El cantante rastafari en esta ocasión se subió al escenario renqueando con una muleta y tuvo que dar el recital sentado debido a una rotura reciente de algún hueso de su pierna. Tras una larga introducción comenzaron el recital con “Pirata de agua salada”, el mejor corte del genial “Rumbo submarino” que consagró al grupo, y que alargaron en una parte rapeada final. Después de “Todos”, de “Entre raíces y antenas”, homenajearon el “positivismo brasileño” en un tema compuesto durante su gira en Brasil, “Brasil 3.000”, a la que siguió “Como el agua calé”, ambas de su último trabajo. “SOS” la dedicaron a los indios Mapuches chilenos, desposeídos de sus tierras por Endesa para la construcción de una central hidroeléctrica en uno de los episodios más despreciables protagonizados por la multinacional española, y que narra el documental dirigido por Manel Mayol “Apaga y vamonos”, estrenado recientemente en nuestro país. Macaco continuó su repertorio con “Se mueven”, a la que siguió “Mamá Tierra” y “Sideral”, también de Ingravitto, que ha editado el sello del barcelonés Mundo Zurdo. Con un alegato por la música independiente fuera de las multinacionales, Macaco terminó su repertorio con “La mano levantá”. (Daniel Cabrera)
The Locos (Escenario Parque, 20:30 horas)
Se sabe que Pipi era uno de los miembros de Ska-P que no estuvo de acuerdo en la ruptura del grupo y que quería seguir adelante. Tal vez por ello, estos The Locos parecen más una secuela de los vallecanos que un grupo con algo original que ofrecer. El ska-punk más simple con estribillos fáciles de memorizar, la mecánica de escoger un tema social para cada canción con letras combativas y panfletarias, los disfraces de Pipi, la estética y la actitud irreverente e incluso el diseño de la portada del disco, “Jaula de grillos”, que parece una portada de Ska-P en la que en vez del gato han puesto un grillo, son elementos que ya parecían demasiado explotados y cansinos en los últimos Ska-P, y que por ello hacen difícil no ver una caricatura reiterativa de aquéllos en estos The Locos. La otra cara de la moneda es que el nuevo grupo de Pipi también mantiene el deseo de hacer bailar y de divertir por encima de cualquier otra consideración, cosa que consiguen con la fórmula infalible del ska-punk trompetero. “Malo Juanito”, dedicada a los seguratas, “Algo mejor”, la versión de “Carne pa’ la picadora” de La Polla, “Buscando líos”, “Madre Tierra” o “Resistiré”, esta última sobre el acoso escolar en los colegios, suenan a lo de siempre: temas divertidos, sin complicaciones ni pretensiones que invitan sin más a pedirse un calimocho, sacar los codos y las rodillas y chocarse con todo el que se meta al pogo. (Daniel Cabrera)
Bersuit (Escenario Parque, 23:05 horas)
Los geniales Bersuit, inclasificable y rarísimo grupo argentino de dilatada carrera, se presentaron en Metrorock con su extravagante y variada propuesta en la que caben todos los estilos, siempre filtrados por una personal y pintoresca interpretación del rock y las músicas tradicionales de su país sin perder de vista las últimas tendencias de la música actual. La cabeza visible del grupo es Gustavo E. Cordera, un surrealista cantante calvo de perilla blanca cuyos bailes esquizoides y voz poderosa y extraña crean un singular efecto sobre una base musical difícil de describir, que en ocasiones suena a cosa rara, decadente, delicada y mecánica, y en otras a salsa, pachanga, rumba y otros estilos perfectamente reconocibles y bailables. Los Bersuit tuvieron una gran acogida en Metrorock, lo que agradecieron sinceramente: “Nos sentimos parte del corazón de este pueblo”, dijo Cordera. Los argentinos presentaban en esta ocasión “Testosterona”, su último trabajo, aunque para este concierto hicieron un repaso a su variadísima discografía iniciada en 1992 con “Y punto”, aunque su salto masivo, sobre todo en España, llegara con “Libertinaje” y con el más reciente “La argentinidad al palo”. Una hora larga duró el concierto de estos porteños engreídos (“No es cierto que todos los argentinos seamos unos engreídos, sólo los porteños lo somos” dijo Cordera al final del concierto), que se despidieron vitoreados por el público de Metrorock, en el que había una amplia representación argentina. (Daniel Cabrera)
El Bicho (Escenario Parque, 00:35 horas)
Con una espectacular voltereta empezó Miguel Campello, cantante de El Bicho, su concierto en Metrorock, un impresionante recital que para mí fue lo más destacado de la noche del viernes, tal vez porque hasta entonces no había podido ver nunca en directo a este grupo que me habían recomendado muchas veces. Su actuación fue realmente rompedora: una avalancha de flamenco salvaje y lunático que sus componentes interpretan volviéndose locos sobre el escenario, como si fuera la última vez que van a tocar en su vida. Largas y densas canciones en los que la improvisación y el desbarre musical tienen un papel clave dentro de un directo honesto y sincero, en el que no hay nada impostado, ni gestos de cara a la galería, sino puro sentimiento simple y primario. El combo madrileño-alicantino, que de momento ha publicado dos LP, hace una interpretación del flamenco desde una perspectiva que casi parece de free jazz o de rock psicodélico de los 70, dejando fluir en libertad los solos de guitarra y de flauta apoyados por la batería y la percusión en piezas difíciles y densas, a veces oscuras y a veces luminosas. La voz profunda y quebrada de Campello es el punto que da coherencia y a la vez alienta la locura de esta original e intensa propuesta, que nada tuvo que ver con el espíritu de modernidad de diseño del festival. (Daniel Cabrera)
Muchachito Bombo Infierno (Escenario Metrorock, 01:55 horas)
A Muchachito le habíamos visto ya el año pasado en este mismo escenario, cuando en pleno despegue de su “Vamos que nos vamos” ofreció una genial actuación en uno de los primeros conciertos de Metrorock 2005. Un año después, el de Santa Coloma volvía al “lugar del crimen” como cabeza de cartel del viernes. Los barceloneses ofrecieron un buen concierto a base de las canciones de su de momento único LP. Sus armas fueron las habituales: rumba y swing, velocidad, potentes vientos, desparpajo y la vistosa escenografía pictórica que en cada bolo corre de cuenta de Santo de Veracruz, el artista que pinta un cuadro al ritmo de la música. Después de la introducción “Haciendo ruido” abrieron el fuego con “115”, a la que siguió “El Compadre”. Un tema nuevo y luego “Me tienes frito”, para después acordarse de ti y de tu cara en “Luna”. “Más que breve” precedió a “Sin vigilancia”, mientras el público no paraba de bailar bajo las tablas. “Si tú si yo”, “Siempre que quiera”, con todo el mundo coreando el estribillo de “Ojalá no te hubiera conocido nunca” dieron paso a “Será mejor”, donde Muchachito se adentra en terrenos funkáticos. “Paquito Tarantino” puso el acento tabernero más canalla en un concierto que iba llegando a su fin. Aún dio tiempo para “Cógelo” y para un divertido cierre de aire soul que puso punto final a la gran actuación de Muchachito, quien con tan solo un LP ha conquistado en apenas un año un lugar de excepción en la música española. (Daniel Cabrera)
SABADO 24 DE JUNIO
Nowayout (Escenario Parque, 19:35 horas)
NoWayOut sorprendieron a una hora temprana al poco más de centenar de asistentes al escenario Parque en la correspondiente segunda actuación del sábado. La resaca del día anterior se notó en la afluencia a la segunda jornada que no empezó a ser masiva hasta bien caído el sol. A estos jóvenes no les importó lo más mínimo y en un derroche de irreverencia intentaron convertir su actuación en algo parecido a un patio de instituto o ‘high school’, por su toque americano de hardcore melódico, con especial incidencia en sus voces. Los barceloneses impresionan allá donde van –ya lo han hecho por Europa y Japón– y en el MetroRock presentaron su tercer trabajo ‘Bipolar’, producido por Joe Marlett, el mismo que lo hiciese con Foo Fighters y con Queens of the Stone Age. El resultado fue muchos saltos, tanto arriba como abajo, punk rock contundente a la par que fresco con incursiones muy aclamadas en sus discos anteriores. “Antes que no volver” decía el estribillo del penúltimo tema. A ellos les tocará regresar. Seguro. (Justo J. Pérez)
Pignoise (Escenario Parque, 20:45 horas)
La continuidad perfecta para NoWayOut la ponía este cuarteto madrileño. El cerdito rosa estampado en las camisetas de sus seguidores, muchas adolescentes y una puesta en escena cargada de desparpajo y frivolidad. Su tono, a medio camino entre el power-pop más cañero y lo que podría denominarse punk-pop americano. Su salto a la pequeña pantalla –en la banda sonora de la serie ‘Los hombres de Paco’ de Antena 3– ha servido para relanzar una carrera que el vocalista Álvaro Benito eligió tras una grave lesión en su rodilla derecha cuando despuntaba en el Real Madrid. ‘Anunciado en televisión’ es su flamante disco y ya uno de los más conocidos de sus tres trabajos en siete años. Su público contempló de forma activa sus primeros temas irónicos a la vez que románticos y no tardó en caer el ‘Nada que perder’, una versión de Mikel Erentxun hecha ex proceso para la productora Globomedia. ‘Me quedo en el infierno’, ‘Mentiras’ o ‘Para ti’ pusieron el toque de música ligera sin dejar de enganchar a muchos que les presenciaban por primera vez. (Justo J. Pérez)
12twelve (Escenario Parque, 22:00 horas)
Sin moverse del escenario más verde del MetroRock, la oscuridad de la noche animó a hacer un receso en el baile y poder disfrutar de unas de las melodías más histriónicas de la mano del jazz progresivo y psicodélico. Fácil de escuchar tomando la primera copa –o una más– o un simple bocadillo. Son catalanes, han ocupado la portada de la Rockdeluxe y están considerados uno de los máximos exponentes del free jazz en el panorama estatal. Su batería, el saxo el contrabajo y la guitarra no dejaron de sonar con una intensidad que parece no tener ni principio ni fin. Pasaron de ritmos frenéticos a minimalistas. Raros pero alucinantes. La distorsión de las seis cuerdas apoyada en la fuerza de una sección de vientos dejó a la gente con ganas de más. “Nos encanta tocar en Madrid”, aseguraron desde arriba antes de enfilar un epílogo en mayúsculas con aportaciones de su último disco ‘L’Univers’ –grabado en los estudios Electrical Audio de Chicago bajo la batuta de Steve Albini, quien fuese productor de los primeros Nirvana, PJ Harvey o Sonic Youth– y reminiscencias de ‘Speritismo’, su anterior obra que les ha llevado a ser inclasificables. Locura contenida e insostenible. Magia original en 50 minutos clavados sobre el escenario. De aquí al FIB, otro gran paso. (Justo J. Pérez)
Surfin’ Bichos (Escenario MetroRock, 01:55 horas)
Regalo final en lo que al directo del MetroRock 2006 se refiere. La fugaz reunificación de una de las bandas de culto del los 90 quiso dejar su estela en el escenario MetroRock en forma de melancolía estética y musical. “El tiempo no pasa” comentó el cantante Fernando Alfaro antes de sumar su voz a un particular torrente de ruido nostálgico con las letras de siempre. “Estamos vivos, así es como suena el crujido de nuestra mañana” y así lo demostraron hasta bien entrada la noche y ante miles de personas que se concentraron delante de la última actuación en vivo. Su presencia en contados festivales les ha llevado al Primavera Sound y estarán en forma de homenajeados en el próximo Contempopránea. Allí también sonará, de otra manera, eso sí, canciones míticas como ‘Viaje de redención’, ‘Gente abollada’ o ‘Cebollas solitas’. Y algo nuevo incluido en la reedición con temas extras de todos sus trabajos –cuatro álbumes– que ahora publica Subterfuge. Su doble guitarra queda como buen sabor de boca en una edición de Metro Rock que contó con un abanico de estilos más amplio si cabe que en años anteriores. (Justo J. Pérez)
texto por Daniel Cabrera y Justo J. Pérez
fotos por Sara Navarro