AL OTRO LADO DEL CHARCO
Cada día es más frecuente tanto la recepción de correos como la escritura de mensajes bien en el foro o bien en el libro de visitas procedentes todos ellos de personas residentes al otro lado del Atlántico. Mensajes de apoyo en su mayoría que nos permiten enorgullecernos de que nuestra voz y nuestra lucha por este movimiento se difunda en territorios tan lejanos geográficamente hablando, pero tan próximos en el plano cultural y, sobre todo, en nuestros corazones. Hoy estas líneas son un mensaje de agradecimiento que devolvemos a todos aquellos que nos siguen desde el otro lado del charco, pueblos hermanos que deben luchar día a día frente a la verdadera problemática social y económica que sume Latinoamérica. Son, por ende, pueblos que se expresan en nuestro mismo idioma y que mantienen vivas unas inquietudes musicales sustancialmente próximas a las nuestras, inquietudes que tan solo podemos compartir junto a ellos, ya que difícilmente yankis o europeos las podrán entender. Así, pese a que el lenguaje de la música dícese universal, su verdadero mensaje se transmite desde la indivisible concepción de música y letra, sin ello nuestro rock perdería gran parte de su sentido, y eso, por mucho que se empeñen, difícilmente podrán comprenderlo desde Noruega. Y si bien defiendo la libertad más absoluta a la hora de plasmar la temática de los textos, cualquier argumento es perfectamente válido, no es menos cierto que nuestro movimiento mantiene una carga de denuncia social bastante representativa. Es por ello que su sentido cobra especial relevancia en aquellas tierras hermanas castigadas a menudo por las diversas lacras que pobreza, corrupción política, desastres naturales y otras miserias suelen sembrar de forma más que perenne. Nos reconforta de este modo aún más observar como, pese a el enorme esfuerzo económico que supone dar el salto, cada vez son más las bandas de rock del estado que se aventuran a llevar su música en directo hacia aquellos lares, experiencias en la mayor parte de los casos altamente gratificantes debido a la pasión que desprende el público latino en cada recital. Pero nuestro rock no sólo ejerce de puente para estrechar los lazos con los pueblos hermanos, ejerce además de testigo fiel y revulsivo dentro de esa revolución musical y cultural que Latinoamérica está viviendo intensamente en estos momentos, una revolución en cierto modo comparable a la que vivimos en estas tierras durante los años ochenta, con la explosión del rock en las calles como eje social de la lucha frente a lo estamentalmente establecido. Nunca he creído en patrias ni en banderas, ni he sido partidario de fronteras ni cuantas limitaciones impuestas restrinjan las libertades de cada persona en este planeta, tan solo he defendido la cultura de los pueblos como rasgo imprescindible para preservar la identidad propia, y esa cultura es la que estrecha a cada instante con mayor constancia los lazos de hermandad con aquellos pueblos capaces de vibrar y de sentir con la misma música que nosotros. Por ello, sirvan estas líneas de agradecimiento a todos cuantos nos siguen desde Hispanoamérica, saber que vuestra lucha es nuestra lucha, y nuestro apoyo está presente desde lo más profundo de nuestro ser y, sobre todo, desde nuestra música, que al fin y al cabo no es más que la vuestra. Salud y rocanrol,
j-kaos