EL ULTIMO (EL) PUNK
Roberto Moso, el que fuera líder de Zarama, ya narraba en su visión sobre el rock radikal vasco, plasmada en Flores en la Basura, su primer encuentro con La Polla Records, en aquél concurso de grupos maketeros de 1980. Cinco eran los grupos que participaban, ellos fueron cuartos, La Polla quintos. Como bien decía, de los tres primeros poco más se supo, Zarama creó nombre dentro de la escena euskaldun, y La Polla Records, que decir de ellos. Fueron, son y serán la banda más grande que ha dado el punk, no solo en Euskadi, sino a nivel estatal. Abanderados de una etiqueta que dieron en llamar rock radikal vasco, a la cual quizás nunca se sintieron realmente identificados, vivieron bajo sus propios designios un camino plagado de éxitos y sinsabores, de sudores y escupitajos sobre las tablas para forjarse un nombre respetado, una reputación legendaria macerada en el boca a boca, ajenos siempre al mamoneo de la promoción y demás telarañas de la industria discográfica. Firmes a sus principios, mezclaron la provocación, la ironía y la crítica más personal para dar lugar a verdaderos himnos del rock y el punk de habla hispana. Temas emblemáticos como Salve, Txus, No Somos Nada o Ellos Dicen Mierda, versioneados hasta la saciedad por mil y una bandas, quedarán como buena muestra de ese incomparable legado en cuyo epitafio han dejado escrito que aunque ni fueran los Sex Pistols ni inventaran lo del punk, no más habría servido quizás solo para ser más cretinos. Marca de la casa, personalidad más que sobrada para irse, como siguen diciendo, sin armar mucho ruido, fieles a sus principios, en contraposición de los otrora admirados ídolos del punk británico y mundial, que tan lamentable retorno protagonizasen recientemente. Pero Evaristo y los suyos han demostrado ser distintos a todos los demás, de principio a fin, y todo ello a pesar de los duros varapalos recibidos en su trayectoria. Atrás quedarán su accidentada actuación en San Isidro 86, el engaño de la propia discográfica que ellos mismos habían creado, Txata Records, la presión judicial tras una mala jugada de su entonces técnico de sonido, que les llevó a recortar su transgresor nombre a La Polla a secas y, quizás el varapalo más duro y que a buen seguro tomaría bastante peso en la decisión final de la separación, representado por la trágica y temprana muerte de Fernando, batería de la banda desde sus principios. Ya nada volvió a ser igual, y mientras los rumores de separación parecían acallarse con sus actuaciones durante el 2003, la bomba estallaba pocos días antes de su presencia en el festival Lorca Rock de ese mismo año, cuya ausencia derivó en la cruda realidad de un final anunciado, final sin duda rubricado con su epitafio en este reciente El Ultimo (el) De La Polla, testimonio póstumo para una banda que supo vivir y morir de una forma diferente a las demás, siempre guardando las distancias, brillando con luz propia, yéndose sin más, no podía ser de otra forma. Han sido veinticinco años grandiosos, pocas bandas podrán jactarse de tan extenso bagaje, mucho tiempo en el ojo del huracán, en la cúspide de la rebelión urbana contra la estupidez de la sociedad establecida, contestatarios, originales, irreverentes… mil y un adjetivos podrían definir su locura y su grandeza, pero esta vez solo escupiremos al suelo, miraremos con rabia al presente y sonreiremos al cantar su último verso, “a tu lado mi amor soy tan feliz, a tu lado quiero morir”. Salud y rocanrol,
j-kaos